Artigos de OpiniãoPaulo Da Silva

De Europa por Cuba al rugido del mundo: la solidaridad en la era multipolar

La hormiga en el escenario

“Camaradas, no soy un orador. Soy una hormiga”. No se trataba de una metáfora de falsa modestia, sino del punto de partida material de una intervención en el encuentro internacional de solidaridad Europa por Cuba. Partía de la experiencia concreta de quien trabaja entre bastidores, pero que es empujado al frente por una necesidad histórica apremiante: la de defender, con voz temblorosa pero análisis claro, a los pueblos bajo el fuego del imperialismo. Lo que se vivió fue más que un mitin; fue un termómetro del estado de salud del internacionalismo, y los resultados son, en algunos ámbitos, febriles.

El escenario en Sevilla: donde debería habitar la solidaridad

Activistas de decenas de países convirtieron el evento Europa por Cuba en un laboratorio de solidaridad transnacional. Estaban presentes desde veteranos de guerras de liberación hasta jóvenes que llevan en su móvil pruebas de genocidios. Era, precisamente, el tipo de frente amplio y no dogmático que exige el momento histórico. Sin embargo, la constatación obvia choca con una realidad paradójica: en ciertos espacios, el miedo a contaminar la pureza doctrinal supera el deseo de contaminar el mundo con la práctica revolucionaria. Esta inversión de prioridades —donde la forma se superpone al contenido y el control al resultado— es un vicio antiguo. Un vicio que paraliza cuando la historia exige movimiento.

El análisis necesario: desenmascarar a los falsos amigos

En el escenario, era imperativo llamar a las cosas por su nombre. Ante la agonía de la democracia liberal, los partidos socialdemócratas revelan su función histórica terminal: son el ala moderada del fascismo, la enfermera que administra calmantes mientras se prepara al paciente para la amputación neoliberal y la guerra. Esto no es una abstracción, sino la clave para interpretar su silencio cómplice ante los genocidios, su alineamiento con las potencias ocupantes o su retórica hueca. Quien, en la izquierda, no sea capaz de realizar esta autopsia política con el rigor de un cirujano, está condenado a ser cómplice de la enfermedad que diagnostica.

La forja del mundo multipolar: martillo, yunque y esperanza

Pero nuestra tarea no es solo denunciar. Es comprender las fuerzas tectónicas que dan forma al nuevo mundo. En el frente geopolítico, si Rusia actúa como el martillo que frena militarmente la expansión hegemónica, China funciona como el yunque, la base económica y civilizatoria que da solidez y permanencia a ese enfrentamiento. Juntos están forjando las condiciones para un mundo multipolar.

Esto no es socialismo, pero es su requisito geopolítico indispensable. Es el espacio donde los BRICS desafían la tiranía del dólar, donde florecen nuevas arquitecturas de cooperación y donde los proyectos de soberanía nacional pueden respirar fuera de la cámara de asfixia unipolar. Ignorar esta batalla global, bajo cualquier pretexto, es un error estratégico de proporciones históricas. Es quedarse puliendo la espada en el cuartel, mientras la batalla decisiva se libra fuera.

La lección eterna de Cuba: la soberanía de la generosidad

Y es aquí donde una cierta lección caribeña reduce a cenizas toda discusión sectaria. Ante la pregunta «¿Qué es la soberanía?», la respuesta material es: un hospital de campaña en el lugar más remoto del planeta. La soberanía solidaria se mide en batas blancas que van donde nadie más va. Mientras el imperio exporta muerte, se exporta vida, sin factura, sin contrapartidas.

Esto no es retórica. Es materialismo dialéctico en su expresión más pura: la práctica que transforma la escasez material en abundancia moral y política. Demuestra que el arma más poderosa es dar lo que no se tiene. Cualquier proyecto de izquierda que no sitúe esta lección de humanidad radical en el centro de su práctica internacionalista es un proyecto fallido, por muy correcta que sea su línea sobre el papel.

Conclusión: Nuestra trinchera es la del mundo que nace

El rugido del mundo multipolar que está naciendo ahoga el susurro de las disputas domésticas. La verdadera línea del frente ya no está —si es que alguna vez lo estuvo— en los pasillos donde se discute quién es el más puro. Está donde la humanidad resiste y construye.

Para los internacionalistas, el mensaje es claro: nuestra lealtad es hacia los pueblos. Nuestra paciencia es histórica, pero nuestra urgencia es cotidiana. Y nuestra voz, aunque sea la de una hormiga, se hará oír en medio del rugido. Porque habla el mismo idioma que ese viejo principio, a veces olvidado en las salas de reuniones, pero vivo en las calles del mundo: la solidaridad no es una moneda de cambio. Es un deber. Y su medida es simple: estar presente donde el pueblo lucha y callar donde el pueblo sufre nunca ha sido una opción para un revolucionario.

La lucha es una. ¡Hasta la victoria, siempre!

Nota final: Un principio no se defiende aislándolo en un frasco de pureza. Se defiende llevándolo a la confusión fecunda del mundo, para que él, y no nuestros miedos, decida la batalla de las ideas.

¡Patria o muerte! Venceremos.

Paulo Jorge da Silva | Un militante portugués con el corazón dividido entre dos trincheras. Por la soberanía de Cuba, Venezuela y todos los pueblos. Por el fin del bloqueo. Por la humanidad que resiste.

"Para quem está cansado da narrativa única." 🕵️‍♂️

A cobertura mediática sobre Cuba e a América Latina é dominada por um só lado. Nós mostramos o outro. Receba análises geopolíticas que fogem do mainstream ocidental.

Não enviamos spam! Leia a nossa política de privacidade para obter mais informações.

Deixe um comentário

O seu endereço de email não será publicado. Campos obrigatórios marcados com *