Artigos de OpiniãoEspañolPaulo Da Silva

Cuba no es un resort de la caridad burguesa

Cuba sin revolución es solo un resort

Hay quien sueña con una Cuba sin Fidel, sin internacionalismo, sin bloqueo que denunciar. Una Cuba limpita, ordenadita, donde los pobres no estorben la foto en la playa. Esa Cuba existe —en los folletos turísticos, en los cruceros que atracan en Varadero, en las imágenes de los “renovadores” que quieren salvar la isla… de la propia revolución.

Pero la Cuba real no es un resort. Es un país sitiado, un pueblo en pie, una trinchera de más de 60 años. Quien no entiende esto, no entiende Cuba. Y quien no defiende la revolución, no defiende Cuba —defiende apenas su propia conciencia burguesa, a la orilla del mar.

Ni una limosna ideológica más

Hay quien descubre Cuba de vez en cuando. Generalmente es cuando la agenda mediática lo permite. Aparecen con un aire de superioridad moral, hacen una o dos declaraciones contra el bloqueo y se creen solidarios.

Pero la forma en que lo hacen es venenosa. Porque no nace de una defensa intransigente de la Revolución Cubana. Nace de la pose piadosa de quien gusta de Cuba… pero solo de la Cuba de Varadero. De la Cuba sin colas, sin racionamiento, sin cicatrices. Una Cuba de resort, limpita, donde el sufrimiento no entra en el encuadre fotográfico.

Es la vieja táctica de la fragmentación: desmontar la revolución en piezas sueltas, para después elegir cuál de ellas merece ser “salvada”. Unos gustan del sistema de salud, otros de la educación, otros de las playas. Pero de la revolución como un todo, de esa cosa incómoda llamada socialismo, de esos, pocos gustan.

Esos renovadores de ocasión se inscriben en la larga tradición de progresistas de café que confunden solidaridad con paternalismo. Gustan de Cuba, sí, pero de una Cuba sin revolución, sin Fidel, sin internacionalismo. Una Cuba que cabe en un folleto turístico, no en una trinchera.

¿Ofrecen “ayuda humanitaria”? Cuidado. La misma mano que extiende un medicamento es la misma que exige “apertura política”. La misma boca que denuncia el bloqueo es la misma que llama “dictadura” al gobierno cubano. Esto no es solidaridad. Es chantaje.

Para esos progresistas, Cuba es un problema a resolver, una causa exótica a la que se puede agarrar o soltar según la conveniencia. Hoy denuncian el bloqueo; mañana aplauden a la OTAN; ayer silenciaban sobre los ataques nazis de Kiev a Rusia.

Esto no es solidaridad. Es limosna ideológica.

Y Cuba no necesita limosnas. Necesita combatientes que la defiendan sin condiciones, sin “peros”, sin “aunque sea una dictadura”. Porque la verdad es una sola: el bloqueo de EE.UU. a Cuba es un crimen de lesa humanidad, y cualquier persona decente debe exigir su fin sin reservas, independientemente de que simpatice o no con el gobierno cubano.

Hay comunistas y progresistas. Unos combaten el bloqueo en la calle, en artículos, en las madrugadas de traducción, entrevistas y difusión. Otros hablan de “embargo”… en un artículo de opinión, entre un almuerzo por Cuba y un comentario contra el “embargo”. Unos construyen. Los otros comentan. Unos resisten. Los otros posan.

El revisionismo histórico consiste exactamente en intentar desconstruir al pueblo de su proyecto revolucionario. Al declararse “anticastrista”, se insinúa que la resistencia cubana sería más legítima si fuera contra el “régimen”. Que el pueblo cubano necesita ser “salvado” ¿por quién? ¿Por las ONG financiadas por Soros? ¿Por la maquinaria de propaganda del imperio?

Este es el mismo argumento que sirvió para justificar intervenciones en América Latina, el mismo argumento que llama “embargo humanitario” a lo que es, en realidad, un genocidio en cámara lenta. La panda renovadora —que brinca de causita en causita, siempre hablando de “convergencia” mientras normaliza el pensamiento único— ha descubierto ahora Cuba. Pero Cuba no es un proyecto para descubrir un domingo. Es una trinchera diaria.

Y en esa trinchera no hay lugar para quien gusta de la Cuba de solo Varadero.

Por eso, pueden guardarse las lágrimas de cocodrilo. Pueden guardarse la condescendencia piadosa. Cuba no necesita que vengan, ni siquiera sus pares del progresismo de salón, a decir cómo se ama la Revolución.

Amor a Cuba es combatir el bloqueo todos los días, sin pedir nada a cambio. Es denunciar la hipocresía de EE.UU. que habla de libertad mientras estrangula a un pueblo. Es apoyar la autodeterminación de Cuba, aunque el gobierno cubano no sea de su agrado personal.

Hasta que aprendan eso, quédense en sus tribunas cómodas. Quédense con sus artículos entre anuncios, con sus lágrimas de cocodrilo y su solidaridad de calendario.

Los que trabajan todos los días, en silencio, sin pedir escenario ni foto, nos quedamos en la trinchera. A esos, los que no cambian Cuba por un resort en Varadero, a esos, Cuba abraza. Y no pide permiso a comentaristas de café para hacerlo.

Cuba no acepta limosnas. Cuba resiste. Y Cuba vencerá.


Homenaje y Apoyo Incondicional al Pueblo Cubano

Y, en este punto, quiero dirigirme directamente al pueblo cubano. A aquellos que, desde hace más de seis décadas, enfrentan el bloqueo más largo y más cruel de la historia. A aquellos que, sin petróleo, mantienen los hospitales abiertos. A aquellos que, sin comida, comparten lo poco que tienen. A aquellos que, incluso en la oscuridad, encienden una vela, y con ella, una esperanza.

A ti, pueblo cubano, mi homenaje. No el homenaje vacío de los discursos, ni la solidaridad de ocasión. El homenaje de quien os acompaña cada día, de quien comparte vuestras victorias y vuestros dolores. El homenaje de quien sabe que vuestra lucha es también mi lucha, y que vuestra resistencia, camaradas, es un faro para todos los pueblos que se niegan a arrodillarse.

A ti, pueblo cubano, mi apoyo incondicional. No un apoyo piadoso, de esos que miran desde arriba. Un apoyo activo, militante, diario. El apoyo de quien, incluso lejos, se niega a callar. El apoyo de quien denuncia el bloqueo dondequiera que esté. El apoyo de quien, gota a gota, ayuda a construir el océano de la solidaridad.

Por cada médico que opera a la luz de un teléfono móvil. Por cada profesor que enseña sin tiza. Por cada madre que divide el plato. Por cada niño que aprende, a la luz de una vela, que la libertad no se negocia.

¡Patria o Muerte, Venceremos!

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Paulo Jorge da Silva | Un activista portugués que vio, olió y sintió el bloqueo. Por la soberanía de Cuba. Por el fin del cerco. Por los millones que, en silencio, ya han decidido de qué lado están. Porque los principios, como Fidel enseñó, no se negocian.

"Para quem está cansado da narrativa única." 🕵️‍♂️

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